12 de diciembre Nuestra Señora de Guadalupe
María se presentó como la siempre Virgen, Madre del verdadero Dios por quien se vive, y pidió un templo no para su gloria, sino para mostrar a su Hijo y ofrecer consuelo


Imagen del santo, generada en web
En el amanecer del Tepeyac, cuando la historia parecía rota y los pueblos heridos por la conquista, Dios eligió el lenguaje más tierno para revelarse: el de una Madre.
Nuestra Señora de Guadalupe no llegó con estruendo, sino con canto suave; no se impuso con poder, sino que se inclinó hacia un indígena sencillo, Juan Diego, llamándolo por su nombre diminuto, como quien ama de verdad.
María se presentó como la siempre Virgen, Madre del verdadero Dios por quien se vive, y pidió un templo no para su gloria, sino para mostrar a su Hijo y ofrecer consuelo. En su presencia, lo indígena y lo cristiano dejaron de ser enemigos: la fe tomó rostro mestizo y el Evangelio aprendió a latir en el corazón de América.
Su vida: Donde Dios habló en lengua de madre
El legado: Una imagen que sigue hablando al mundo
El Nican Mopohua no es solo un relato antiguo; es un acto vivo de evangelización profunda, respetuosa y transformadora. En él, María no destruye una cultura, la abraza; no anula símbolos, los redime.
La imagen milagrosa impresa en la tilma de Juan Diego se convirtió en un mensaje silencioso pero elocuente: Dios habita entre los pequeños, se gesta en el vientre de una mujer y se ofrece como luz para todos los pueblos.
Guadalupe unió lo irreconciliable, sanó heridas históricas y sembró identidad. Desde entonces, México y América aprendieron que Cristo no es extranjero cuando llega de la mano de su Madre. Su legado sigue vivo: millones encuentran en ella refugio, dignidad, fe y esperanza.
Oración: Bajo tu sombra no hay temor
Madre Santísima de Guadalupe,
tú que te quedaste para siempre con nosotros,
míranos hoy como miraste a Juan Diego:
con ternura que levanta y palabra que sana.
Cubre nuestras penas, cura nuestras enfermedades,
une lo que está dividido y enséñanos a confiar.
Haz de nuestro corazón un templo vivo
donde tu Hijo habite y reine.
No permitas que olvidemos que somos tus hijos
y que jamás estamos solos bajo tu amparo. Amén.
Frase atribuida Nuestra Señora de Guadalupe:
«¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?»

