3 de Diciembre San Francisco Javier. Misionero (+ 1552)
San Francisco Javier, fuego que cruzó mares y fronteras


Imagen del santo, generada en web
Nacido en 1506, cerca de Pamplona, San Francisco Javier fue un joven brillante, ambicioso y lleno de sueños humanos. Buscaba el éxito, el reconocimiento y la grandeza que el mundo promete… hasta que Dios lo sorprendió con una pregunta que le cambió la vida.
En la Universidad de París, la amistad con San Ignacio de Loyola se convirtió en un punto de quiebre: aquella frase de Jesús —“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”— comenzó a arder en su interior.
Desde entonces, Francisco entendió que la verdadera grandeza no estaba en sobresalir, sino en entregarse. Dejó todo para seguir a Cristo, fue uno de los fundadores de la Compañía de Jesús y, ordenado sacerdote, aceptó sin titubeos la misión que transformaría su historia: llevar el Evangelio hasta los confines del mundo. A los 35 años emprendió un viaje sin retorno, con el alma encendida y la fe como único equipaje.
Su vida: Un corazón inquieto que se dejó conquistar por Dios
El legado: Un misionero que gastó su vida por amor
Llamado con razón “el gigante de la historia de las misiones”, San Francisco Javier recorrió en solo once años territorios inmensos como la India, Japón y numerosas islas del sudeste asiático. Caminó descalzo entre los pobres, aprendió lenguas desconocidas, consoló enfermos, bautizó multitudes y anunció a Cristo con una pasión que parecía no agotarse jamás.
Vivía como los más sencillos: comía lo mismo que ellos, dormía en el suelo, oraba hasta el cansancio y encontraba su fuerza en la Eucaristía. Su palabra convertía porque nacía de la oración y del sacrificio. No buscaba honores; huía del aplauso y atribuía los milagros solo a la misericordia de Dios.
Murió solo, pobre y enfermo, en una isla lejana, el 3 de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús. Tenía apenas 46 años. Pero su muerte fue semilla: su cuerpo incorrupto, su ejemplo ardiente y su celo apostólico siguen inspirando a la Iglesia. Por eso, el Papa Pío X lo proclamó Patrono universal de las misiones.
Oración: refugio cuando truena el miedo
Señor Dios, que encendiste el corazón de San Francisco Javier con el fuego de tu amor,
danos un espíritu misionero que no tema al cansancio ni a la entrega total.
Enséñanos a salir de nosotros mismos,
a anunciarte con la vida,
a amar sin medidas y a confiar incluso en la soledad y la cruz.
Que, como él, sepamos decirte “sí” sin reservas
y gastar nuestros días para que otros te conozcan y te amen.
Amén.
Frase atribuida a San Francisco Javier:
“Muchas veces me dan ganas de ir por las universidades de Europa gritando como un loco y diciendo a los que tienen más ciencia que caridad: ¡Cuántas almas se pierden por vuestra negligencia!”

