Baja natalidad mundial: ¿de quién es la culpa?

La humanidad atraviesa una paradoja histórica: nunca hubo más avances tecnológicos, riqueza acumulada y expectativa de vida, y sin embargo, cada vez nacen menos niños y hay baja natalidad mundial

FE

1/9/2026

La humanidad atraviesa una paradoja histórica: nunca hubo más avances tecnológicos, riqueza acumulada y expectativa de vida, y sin embargo, cada vez nacen menos niños. La baja natalidad ya no es un fenómeno exclusivo de Europa o Japón; hoy se extiende por América Latina, Estados Unidos, China y gran parte del mundo desarrollado y en desarrollo.

La pregunta es inevitable: ¿Quién o qué está detrás de este invierno demográfico?

1. El dato duro: el mundo deja de tener hijos

La mayoría de países se encuentran por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1 hijos por mujer). Algunos casos son críticos: Corea del Sur, Japón, Italia, España, Chile o Grecia. Las consecuencias ya son visibles:

  • Envejecimiento acelerado

  • Colapso futuro de sistemas pensionales

  • Falta de mano de obra

  • Crisis del cuidado y de la familia

Ante esto, muchos países han comenzado a pagar por tener hijos, incluso a extranjeros, ofreciendo subsidios, vivienda, beneficios fiscales y residencia legal, como lo señala el artículo de Portafolio que compartes .

Esto demuestra algo clave: 👉 El problema no es la falta de recursos, sino la falta de nacimientos.

2. ¿Es el sistema el culpable? Una respuesta incómoda

Algunos sacerdotes, teólogos y pensadores cristianos han señalado que el sistema económico moderno, especialmente en su versión individualista y consumista, sí tiene responsabilidad indirecta.

No porque el mercado sea malo en sí —la Doctrina Social de la Iglesia no condena la economía de mercado— sino porque cuando el sistema pone la productividad, el éxito y el consumo por encima de la persona, la vida familiar se vuelve una carga y no un don .

El resurgimiento económico en algunos países, ha generado:

  • Jornadas laborales extensas

  • Inestabilidad económica

  • Vivienda inaccesible

  • Cultura del “primero yo”

En este contexto, tener hijos se percibe como un obstáculo para el bienestar individual, no como una vocación. Tienen la razón?. Porque cuando no hay recursos en otros tipos de sistemas, entonces cómo se sostiene una familia?.

Sin embargo, la paradoja es evidente: 👉 Algunos de los paises que promovieron este modelo ahora pagan para revertir sus consecuencias.

3. Ideologías contemporáneas y ruptura del sentido de la vida

Aquí entramos en un terreno delicado pero inevitable.

Las últimas décadas han estado marcadas por la expansión de ideologías que separan la sexualidad de la fecundidad, el cuerpo de la identidad, y la libertad del bien común.

Entre ellas:

  • Normalización del aborto como “derecho”

  • Cultura anticonceptiva masiva

  • Ideología de género que diluye la complementariedad sexual

  • Rechazo cultural a la maternidad y paternidad

  • Exaltación de la autonomía absoluta

  • Deformación del concepto natural de familia

Todo esto ha generado una mentalidad antinatalista, donde el hijo ya no es un regalo, sino una amenaza a la libertad personal.

Diversos estudios muestran que la legalización amplia del aborto y las políticas agresivas de control natal coinciden con el desplome de la natalidad, incluso en países que luego intentan revertirlo con incentivos económicos .

La contradicción es clara: 👉 Se promueve no tener hijos, y luego se paga para tenerlos.

4. ¿Y la mujer? ¿Y el hombre?

Otro factor determinante es la ruptura del equilibrio entre trabajo, familia y vocación.
Muchas mujeres no rechazan la maternidad, sino:

  • La soledad en la crianza

  • La penalización laboral

  • La ausencia de apoyo real

  • La exigencia de “poder con todo”

Al mismo tiempo, la figura paterna ha sido debilitada culturalmente, generando relaciones frágiles, miedo al compromiso y desconfianza en el matrimonio.

La baja natalidad no es solo económica, es relacional y espiritual.

5. La raíz espiritual: cuando se pierde el sentido de trascendencia

Desde una mirada cristiana, el problema es más profundo:
👉 Cuando una sociedad pierde a Dios, pierde también el sentido de la vida.

Si la existencia se reduce a placer, éxito y consumo, traer hijos al mundo deja de tener sentido.
La fe cristiana enseña que la vida es don, misión y esperanza, y que cada hijo es participación en la creación.

No es casual que las comunidades más creyentes mantengan mayores tasas de natalidad, incluso en contextos difíciles.

Conclusión: no hay un solo culpable

La baja natalidad mundial no tiene un único responsable. Es el resultado de una suma de factores:

  • Modelos económicos deshumanizados

  • Ideologías que niegan la fecundidad

  • Ruptura del sentido de familia

  • Miedo al compromiso

  • Pérdida de la fe y de la esperanza

El dinero puede ayudar, pero no compra sentido.
Las políticas públicas pueden incentivar, pero no reemplazan el amor, la fe y el deseo de trascender.

Tal vez la verdadera pregunta no sea “¿quién tiene la culpa?”, sino: 👉 ¿qué tipo de humanidad queremos dejar?

Fuente de la información para el artículo chicagobooth.edu

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Baja natalidad mundial: ¿de quién es la culpa?

Imagen de una mujer embarazda, pensativa