Cuando Dios se hizo Niño
Creer en el nacimiento del Niño Dios no es solo aceptar un hecho ocurrido hace más de dos mil años; es abrazar el acontecimiento más revolucionario de la historia humana: Dios decidió entrar en el mundo haciéndose pequeño, frágil y cercano. En un pesebre sencillo, sin ruido ni poder, el cielo besó la tierra y así fue cuando Dios se hizo niño
FE
El nacimiento de Jesús nos revela un Dios que no se impone, sino que se ofrece. Un Dios que no llega con ejércitos, sino con pañales.
Creer en el Niño Dios es creer que el amor verdadero no necesita grandeza para transformar, que la luz puede nacer incluso en la noche más oscura, y que la salvación comienza allí donde el corazón se abre a la humildad y a la ternura.
Para el mundo cristiano, la Navidad es el corazón palpitante de la fe. Es el cumplimiento de una promesa antigua, el “sí” definitivo de Dios a la humanidad. En Jesús niño, Dios se hace Emmanuel: Dios-con-nosotros. Ya no es un Dios lejano, sino un Dios que llora, que sonríe, que aprende a caminar, que conoce el frío, el hambre y el amor de una familia. Creer en su nacimiento es creer que nuestra vida importa, que nuestra historia es digna de ser habitada por Dios.
El Niño Dios representa esperanza para los cansados, consuelo para los heridos y luz para quienes han perdido el rumbo. Su nacimiento nos recuerda que cada vida es sagrada, que la sencillez tiene valor y que la verdadera grandeza se encuentra en amar. Nos enseña que la fe no es miedo, sino confianza; no es imposición, sino encuentro; no es costumbre, sino una relación viva con un Dios que se hace cercano.
Creer en el nacimiento del Niño Dios transforma la manera de mirar el mundo. Nos invita a proteger lo frágil, a cuidar la vida, a abrir espacio para la ternura y a creer que siempre es posible comenzar de nuevo. En cada Navidad, el pesebre vuelve a hablarnos: Dios nace donde hay humildad, donde hay amor, donde hay un corazón dispuesto a creer.
Porque cuando creemos en el Niño Dios, no solo celebramos una fecha… dejamos que Dios vuelva a nacer dentro de nosotros.
Oración
Niño Dios, que naciste en el silencio de un pesebre
para enseñarnos que el amor verdadero es humilde y cercano,
entra hoy en nuestro corazón.
Haz nacer en nosotros la fe sencilla que confía,
la esperanza que no se rinde
y el amor que transforma la vida cotidiana
en un lugar donde Dios habita.
Que al contemplarte pequeño y frágil
aprendamos a cuidar la vida,
a abrazar la ternura
y a creer que siempre es posible comenzar de nuevo.
Quédate con nosotros, Niño Jesús,
ilumina nuestras noches, sana nuestras heridas
y haz de nuestro corazón un pesebre vivo
donde tu luz nunca deje de brillar.
Amén.



