Evangelio de hoy Domingo 1 de marzo de 2026

Con el evangelio de hoy, el rostro de Jesús resplandece como el sol y sus vestiduras se vuelven blancas como la luz. No es un espectáculo, es una revelación. Los discípulos ven por un instante lo que siempre estuvo allí: la gloria escondida en la sencillez

El evangelio de hoy la portada en Página de voces de amor y vida
El evangelio de hoy la portada en Página de voces de amor y vida

Imagen del mensaje de reflexión del evangelio

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos»."

Palabra del Señor

Del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

Es luz revelada

En lo alto del monte, todo cambia. El rostro de Jesús resplandece como el sol y sus vestiduras se vuelven blancas como la luz. No es un espectáculo, es una revelación. Los discípulos ven por un instante lo que siempre estuvo allí: la gloria escondida en la sencillez. A veces caminamos con Dios sin comprender del todo quién es, hasta que Él mismo decide mostrarnos su luz.

Pedro quiere quedarse, detener el momento, hacer tres tiendas y congelar la experiencia. Es humano querer vivir solo lo extraordinario. Pero la voz del Padre rompe la escena con una sola instrucción: “Escuchadlo”. No dice admírenlo, ni constrúyanle algo, ni entiéndanlo todo. Dice escúchenlo. Porque la transformación no viene de mirar la luz, sino de obedecerla.

Hoy deja que la luz de Cristo ilumine tus miedos y tus dudas, escucha su voz por encima del ruido del mundo y, aunque tengas que bajar del monte para volver a tu realidad, hazlo con el corazón transfigurado, sin temor y con la certeza de que Jesús camina contigo incluso cuando ya no ves el resplandor