Evangelio de hoy Miércoles 4 de marzo de 2026

Con el evangelio de hoy, Jesús anuncia su pasión mientras sube a Jerusalén. Habla de entrega, de cruz, de dolor… pero también de resurrección. Mientras Él revela el camino del sacrificio, otros todavía sueñan con puestos de honor.

El evangelio de hoy la portada en Página de voces de amor y vida
El evangelio de hoy la portada en Página de voces de amor y vida

Imagen del mensaje de reflexión del evangelio

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará». Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor

Del santo evangelio según san Mateo 20, 17-28

Es servir amando

Jesús anuncia su pasión mientras sube a Jerusalén. Habla de entrega, de cruz, de dolor… pero también de resurrección. Mientras Él revela el camino del sacrificio, otros todavía sueñan con puestos de honor. La madre de los hijos de Zebedeo pide lugares de privilegio, sin comprender que el Reino no se construye con tronos, sino con entrega.

“¿Podéis beber el cáliz?”. Esa pregunta atraviesa los siglos. Seguir a Cristo no es buscar reconocimiento, es aceptar el camino del amor que se dona. El cáliz no es poder, es fidelidad; no es aplauso, es cruz; no es dominio, es servicio. Jesús redefine la grandeza: el que quiera ser primero, que sea servidor.

Hoy elige servir sin esperar recompensa, abraza el cáliz de tus responsabilidades con valentía y recuerda que la verdadera grandeza no se mide por cuánto te sirven, sino por cuánto amas y entregas tu vida por los demás