Evangelio de hoy Sábado 1 de agosto de 2026
Con el evangelio de hoy, Jesús nos recuerda hoy, a través del testimonio de Juan el Bautista, que la verdad no siempre es cómoda, pero siempre merece ser defendida. Juan prefirió permanecer fiel a Dios antes que callar ante la injusticia.


Imagen del mensaje de reflexión del evangelio
Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios». Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.
Palabra del Señor
Del santo evangelio según San Mateo 14, 22-36
Es no tener miedo
Jesús camina sobre nuestras tormentas y nos dice con ternura: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Cuando el miedo nos hace dudar y sentimos que comenzamos a hundirnos, su mano siempre está dispuesta a levantarnos.
Pedro nos enseña que la fe puede hacernos caminar sobre lo imposible, pero necesitamos mantener los ojos puestos en Jesús y no en la fuerza de las dificultades.
Hoy, si sientes que te hundes, grita como Pedro: «Señor, sálvame», y confía en que Jesús extenderá su mano hacia ti.
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