Evangelio de hoy Sábado 6 de diciembre de 2025

En este tiempo de adviento se nos hace la invitación a estar atentos, despiertos, para poder percibir la presencia de Dios

Imagen de Jesús por Jerusalén, generada en web

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

Palabra del Señor

Del santo evangelio según san Mateo 9, 35 — 10, 1. 5a. 6-8

Con misericordia activa

Jesús mira a la multitud y no ve números, ve heridas. No ve ruido, ve cansancio. No ve gente perdida, ve hijos sin guía. Su compasión no es un sentimiento pasajero: es un movimiento profundo que lo impulsa a sanar, a anunciar, a acercarse a los que nadie mira.

En ese amor tan grande, Jesús decide compartir su misión. Llama a sus discípulos y les da autoridad, no para dominar, sino para levantar al caído, liberar al oprimido y devolver dignidad a quienes la han perdido. La misión nace del corazón que se compadece y se entrega.

El Reino avanza cuando alguien se atreve a decir “sí” al servicio. Lo que recibimos sin precio, lo damos sin medida. Lo que Dios pone en nuestras manos, lo compartimos con libertad. HOY elegimos ser instrumentos de consuelo, de luz y de misericordia para quienes más lo necesitan.