Evangelio de hoy Sábado 7 de marzo de 2026
Con el evangelio de hoy, Lo más hermoso no es el error del hijo, sino la reacción del padre. No lo humilla, no lo interroga, no le reprocha. Corre hacia él, lo abraza y lo restituye como hijo antes de que termine su confesión. El amor auténtico no lleva cuentas pendientes; celebra el regreso.


Imagen del mensaje de reflexión del evangelio
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».
Palabra del Señor
Del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
Es un regreso amoroso
Un hijo que se va, un padre que espera y un hogar que permanece abierto. El menor quiso independencia sin límites, herencia sin presencia, libertad sin responsabilidad. Se fue lejos… pero más lejos aún quedó su corazón cuando el hambre y la soledad lo abrazaron. A veces necesitamos tocar fondo para recordar dónde está la verdadera casa.
Lo más hermoso no es el error del hijo, sino la reacción del padre. No lo humilla, no lo interroga, no le reprocha. Corre hacia él, lo abraza y lo restituye como hijo antes de que termine su confesión. El amor auténtico no lleva cuentas pendientes; celebra el regreso. Y mientras uno vuelve arrepentido, otro debe aprender a amar sin envidia.
Hoy atrévete a regresar si te has alejado, o a perdonar si te han herido, abre el corazón como el padre de la parábola y celebra cada reconciliación como un milagro, porque en la casa de Dios siempre hay túnica nueva, abrazo sincero y fiesta para el que decide volver

