Evangelio de hoy Viernes 6 de marzo de 2026
Con el evangelio de hoy, La viña estaba perfectamente preparada: cerca, torre, lagar… todo dispuesto para dar fruto. El dueño no improvisó nada; confió su obra a los labradores esperando cosecha. Así es Dios con nosotros: nos entrega talentos, oportunidades, vida, tiempo.


Imagen del mensaje de reflexión del evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.
Palabra del Señor
Del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43, 45-46
Es un fruto verdadero
La viña estaba perfectamente preparada: cerca, torre, lagar… todo dispuesto para dar fruto. El dueño no improvisó nada; confió su obra a los labradores esperando cosecha. Así es Dios con nosotros: nos entrega talentos, oportunidades, vida, tiempo. La viña no es nuestra, pero sí nuestra es la responsabilidad de hacerla florecer.
Sin embargo, los labradores olvidaron que eran administradores y se creyeron dueños. Rechazaron a los enviados y, finalmente, al hijo. El corazón humano puede cerrarse tanto que termina rechazando incluso el amor más puro. La piedra que desecharon se convirtió en la angular. Lo que el mundo descarta, Dios lo levanta como fundamento.
Hoy pregúntate qué frutos estás ofreciendo en la viña que se te ha confiado, reconoce que todo es don y no posesión, y permite que Cristo sea la piedra firme sobre la cual construyas tu vida para que tu cosecha sea abundante y verdadera

