Santo de hoy 1 de Julio Beato Padre Damián de Molokai (José de Veuster)
El santo de hoy 1 de julio – Beato Padre Damián de Molokai El apóstol que abrazó el sufrimiento por amor. En 1873 llegó a la isla de Molokai, donde eran confinadas las personas enfermas de lepra, abandonadas por la sociedad y olvidadas por el mundo.


Imagen del santo del día diseño web
Su vida, Un corazón dispuesto a entregarlo todo
José de Veuster nació el 3 de enero de 1840 en Tremeloo, Bélgica, dentro de una familia humilde y profundamente cristiana. Desde niño mostró una extraordinaria inclinación hacia la oración, el trabajo y el deseo de anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Aquel muchacho que ayudaba en las labores del campo y soñaba con ser misionero descubrió muy pronto que Dios lo llamaba a una misión extraordinaria. Ingresó en la Congregación de los Sagrados Corazones y, cuando surgió la oportunidad de partir hacia las islas Hawái, aceptó con inmensa alegría. Su mayor anhelo era llevar esperanza donde nadie más quisiera ir.
El legado, Amor que venció al miedo
En 1873 llegó a la isla de Molokai, donde eran confinadas las personas enfermas de lepra, abandonadas por la sociedad y olvidadas por el mundo. Allí construyó viviendas, una iglesia, escuelas y hospitales; repartió alimentos, curó heridas, consoló corazmos rotos y devolvió la dignidad a quienes solo conocían el rechazo. Compartió su vida con ellos sin temor al contagio, hasta que la enfermedad también alcanzó su propio cuerpo. Lejos de lamentarse, aceptó su cruz con serenidad, convencido de que servir a Cristo en los más pobres era el mayor privilegio. Su vida demostró que el verdadero amor no conoce fronteras ni calcula sacrificios.
Oración, Amar hasta el extremo
Señor Jesús, que inspiraste al Beato Padre Damián de Molokai a entregar su vida por los enfermos y los olvidados, concédenos un corazón generoso capaz de descubrirte en quienes sufren. Enséñanos a vencer el egoísmo, el miedo y la indiferencia para servir con alegría a nuestros hermanos más necesitados. Haz que aprendamos a amar sin condiciones, como él lo hizo, hasta convertir nuestra vida en un reflejo de tu infinita misericordia. Fortalece nuestra fe en las pruebas, aumenta nuestra esperanza y danos la gracia de vivir cada día con la certeza de que todo acto de amor ofrecido por Ti jamás será en vano. Amén.
“Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo”.
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