Santo de hoy 15 de septiembre. Nuestra Señora, Virgen de los Dolores
El santo de hoy 15 de septiembre — Nuestra Señora de los Dolores, Madre que permanece junto a la Cruz. La Virgen de los Dolores nos enseña que sufrir con fe no significa dejar de sentir, sino aprender a poner incluso nuestras lágrimas en las manos de Dios.


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Su vida, un corazón atravesado por el amor
María vivió el misterio de su Hijo desde la alegría de la Anunciación hasta el silencio doloroso del Calvario, siempre unida al plan de Dios con una fe que no se quebró ante el sufrimiento. Simeón le anunció desde los primeros días de Jesús que una espada atravesaría su alma, y aquella profecía se fue haciendo realidad a través de los dolores que acompañaron su vida: la huida a Egipto, la pérdida de Jesús en Jerusalén, el encuentro con Él camino del Calvario, su muerte, el descendimiento de la Cruz y su sepultura. María no huyó del dolor cuando el amor le pidió permanecer, sino que estuvo de pie junto a la Cruz, contemplando con el corazón destrozado la entrega de su Hijo por la salvación del mundo.
Una madre que comprende nuestras heridas
La Virgen de los Dolores nos enseña que sufrir con fe no significa dejar de sentir, sino aprender a poner incluso nuestras lágrimas en las manos de Dios. María hizo suyo el camino de Jesús y convirtió su dolor en una entrega silenciosa, porque comprendió que detrás de aquella Cruz estaba naciendo la esperanza de la humanidad. Por eso, cuando atravesamos pérdidas, angustias, enfermedades, soledad o pruebas que parecen demasiado grandes, podemos mirar hacia ella y recordar que no caminamos solos. La Madre Dolorosa conoce el peso de nuestras cruces porque también llevó una en lo profundo de su corazón, y desde el Calvario nos acompaña con ternura, enseñándonos a permanecer firmes cuando la vida nos pide confiar aun sin comprender.
Oración, refugio para el corazón herido
Virgen Santísima y Madre de los Dolores, tú que permaneciste junto a Jesús cuando todos parecían haber perdido la esperanza, mira con misericordia nuestras heridas y nuestras luchas. Recibe nuestras lágrimas, nuestras preocupaciones y aquello que no sabemos expresar, y llévalo ante tu Hijo, para que su amor transforme nuestro sufrimiento en esperanza. Enséñanos a llevar nuestra cruz con fe, a no rendirnos en medio de las pruebas y a confiar en que después de cada Calvario Dios prepara una nueva vida. Madre querida, acompáñanos cada día, reconcílianos con Jesús, sostennos cuando nuestras fuerzas fallen y permanece a nuestro lado en la hora de nuestra muerte, para que contigo podamos contemplar un día la gloria de tu Hijo en el cielo.
"Ante el dolor, permanece junto a la Cruz con fe, porque después del Calvario siempre nace la esperanza."
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