Santo de hoy 18 de enero - San Juan de Rivera, Arzobispo de Valencia
El santo de hoy 18 de enero San Juan de Rivera, pastor incansable y centinela de la santidad. Como Arzobispo de Valencia, San Juan de Rivera fue riqueza para los pobres y exigencia amorosa para los pastores.


Imagen del santo del día diseño web
Su vida — Forjado en la pérdida, encendido por la fe:
San Juan de Rivera nació en Sevilla bajo el techo de una familia noble, pero su alma fue educada en la humildad. La muerte temprana de su madre dejó un silencio que Dios llenó con ejemplos vivos de caridad y entrega. En su hogar aprendió que amar a Cristo era servir al pobre, y que la Eucaristía debía ser el centro ardiente de toda vida cristiana. Rodeado de santos testimonios, como el de Teresa Enríquez, creció con un amor profundo al Santísimo Sacramento, que marcaría cada paso de su camino.
Brillante en el estudio y aún más en la virtud, fue alumno ejemplar en la Universidad de Salamanca. Allí, entre libros y oraciones, se conservó limpio en medio de un ambiente difícil, dando testimonio silencioso de que la santidad es posible también en la juventud. Con apenas treinta años fue llamado al episcopado, y desde entonces su vida dejó de pertenecerle: se volvió pan repartido, palabra anunciada y rodillas gastadas en oración. Predicador incansable, confesor paciente y obispo cercano, supo vivir como un apóstol en medio del pueblo.
El legado — Un obispo que se hizo padre de todos:
Como Arzobispo de Valencia, San Juan de Rivera fue riqueza para los pobres y exigencia amorosa para los pastores. Nada retenía para sí: vendía muebles, regalos y comodidades para aliviar el hambre ajena, confiando en que Dios nunca abandona a quien se vacía por amor. Visitó una y otra vez cada rincón de su diócesis, recorriendo caminos peligrosos, dejando enseñanza, consuelo y sacramentos. Sus miles de visitas pastorales no fueron números, sino almas tocadas por la verdad.
Su gran preocupación fue la santidad del clero. A los sacerdotes los trató con respeto y ternura, corrigiendo con sabiduría y formando con paciencia. Instituyó retiros, celebró sínodos sencillos y eficaces, y soñó con ministros santos para un pueblo fiel. Educador apasionado, se sentaba entre los niños para enseñarles el catecismo, y fundó colegios donde germinaron grandes servidores de la Iglesia. Fue luz en la confusión, justicia en medio de la corrupción y paz en tiempos de tensión, incluso cuando debió ejercer como virrey. Su vida fue un evangelio vivido sin descanso.
Oración — Que su ejemplo nos lleve a la victoria espiritual:
Oh glorioso San Juan de Rivera, pastor según el corazón de Dios, enséñanos a amar la Eucaristía con fervor, a servir sin reservas y a buscar la santidad sin excusas. Ruega por los universitarios y colegiales, para que la verdad ilumine sus estudios y sus decisiones. Ruega por los sacerdotes y obispos, para que sean hombres de oración, de entrega y de pureza de corazón.
Intercede por nosotros en las luchas diarias, para que salgamos vencedores de los ataques que amenazan nuestra fe. Haz que aprendamos a darlo todo, confiando en que Dios nunca se deja ganar en generosidad. Que, como tú, vivamos con los ojos puestos en Cristo y el corazón abierto al prójimo. Amén.
Frase atribuida a San Juan de Rivera:
“La Iglesia se renueva cuando sus pastores se arrodillan más ante Dios y se entregan sin reservas a su pueblo.”

