Santo de hoy 19 de mayo. San Félix de Cantalicio, Religioso (+ 1587)
El santo de hoy Santo de hoy 19 de mayo San Félix de Cantalicio “Gracias a Dios, el camino de la santidad comienza en lo pequeño”. Durante cuarenta años recorrió las calles de Roma pidiendo limosna para los pobres, llevando siempre una sonrisa y un rosario entre sus manos.


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19 de mayo San Félix de Cantalicio “Gracias a Dios, el camino de la santidad comienza en lo pequeño”
Su vida, humildad que florece en el silencio
Desde muy niño, San Félix de Cantalicio aprendió a encontrar a Dios entre los campos, las ovejas y la pobreza. Nacido en una familia campesina de Italia, creció con el corazón puesto en la oración y los ojos levantados hacia el cielo. Mientras otros soñaban con riquezas o reconocimientos, él trazaba cruces en los árboles y permanecía largos momentos rezando ante ellas. Su mayor alegría era hablar con Dios en medio de la sencillez de cada día. Después de sobrevivir milagrosamente a un accidente mientras trabajaba la tierra, comprendió que el Señor lo llamaba a una entrega total. Así llegó a la comunidad de los Capuchinos, donde abrazó la pobreza, la penitencia y la humildad con un amor profundo y verdadero.
El legado, un corazón pobre lleno de cielo
Durante cuarenta años recorrió las calles de Roma pidiendo limosna para los pobres, llevando siempre una sonrisa y un rosario entre sus manos. Aunque su oficio parecía pequeño y humillante, él lo convirtió en un camino de santidad. Decía constantemente: “o santo, o nada”, porque entendía que la vida solo tiene sentido cuando se vive para Dios. Su ejemplo enseñó que la verdadera grandeza no está en el poder, sino en servir con amor y alegría. Dormía sobre tablas, caminaba descalzo y ofrecía cada sacrificio por amor a Cristo. Muchos acudían a él buscando consejos, y hasta grandes obispos y cardenales admiraban la sabiduría que brotaba de aquel humilde fraile que aprendió del Crucificado y de la Virgen María.
Oración, caminar contigo hacia la santidad
San Félix de Cantalicio, hermano humilde y alegre del Evangelio, enséñanos a descubrir la presencia de Dios en las cosas sencillas de cada día. Ayúdanos a vivir con un corazón desprendido, capaz de servir sin buscar aplausos ni reconocimientos. Que aprendamos de ti a transformar el cansancio, el trabajo y las dificultades en una ofrenda agradable al Señor. Haz que nunca perdamos la alegría de hacer el bien, incluso en medio de las pruebas. Intercede por nuestras familias, por los pobres, por los enfermos y por todos aquellos que necesitan esperanza. Y así como tú repetías siempre “Gracias a Dios”, permite que también nuestros labios y nuestra vida entera sean un canto de gratitud al cielo. Amén.
“Quien mira a Cristo Crucificado encuentra fuerzas para soportarlo todo.” — San Félix de Cantalicio

