Santo de hoy 2 de febrero. La Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de Candelaria.
El santo de hoy 2 de febrero, la Iglesia revive aquel momento del “Encuentro”: Simeón reconoce en el Niño la salvación prometida y proclama lo que María ya sabía en su corazón, La Virgen de la Candelaria


Imagen del santo del día diseño web
Luz ofrecida al mundo
En el silencio sagrado del Templo de Jerusalén, María camina con el Niño en brazos. No llega con riquezas ni palabras solemnes, llega con obediencia y fe. Nuestra Señora de la Candelaria nace de ese gesto humilde y eterno: presentar a Jesús, la Luz verdadera, ante Dios y ante la humanidad. Es la Madre que no se guarda al Hijo, sino que lo entrega para que ilumine los caminos oscuros del mundo.
Su advocación florece siglos después en Tenerife, España, donde su imagen —morena y serena— se convierte en signo de consuelo para pueblos sencillos y creyentes. La llaman Virgen negra, pero su negrura no es sombra: es profundidad, misterio, raíz. Su nombre viene de la candela, de la llama viva que orienta, purifica y acompaña en la noche. María, como Candelaria, no deslumbra: alumbra. No impone: señala el camino.
Cada 2 de febrero, la Iglesia revive aquel momento del “Encuentro”: Simeón reconoce en el Niño la salvación prometida y proclama lo que María ya sabía en su corazón. Ella acepta la profecía, incluso la espada del dolor, porque su misión es confiar. Así, la Virgen de la Candelaria queda unida para siempre al misterio de la luz que salva, aun cuando duela sostenerla.
Una llama que cruza continentes
El legado de Nuestra Señora de la Candelaria es una fe que camina con velas encendidas. Desde las Islas Canarias hasta América Latina, su presencia se multiplica en pueblos, ciudades, montañas y costas. Bolivia, Colombia, México, Perú, Venezuela y tantos otros países la han abrazado como Madre cercana, como patrona que entiende el lenguaje del pueblo y escucha las oraciones sencillas.
Ella fue una de las primeras advocaciones marianas en llegar a América. Viajó en el pecho de conquistadores y en el alma de los evangelizados, mezclándose con culturas, dolores y esperanzas nuevas. Por eso su devoción no es fría ni distante: es festiva, comunitaria, encendida. Procesiones de luz, danzas, cantos y promesas hablan de una Virgen que no se queda en los altares, sino que camina con su gente.
La Candelaria nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo, pero que esa luz llega a nosotros por manos maternas. María sigue presentándolo hoy: en cada Eucaristía, en cada acto de fe, en cada vela encendida que dice “aquí estoy, Señor”. Su legado es enseñarnos a no apagar la fe, incluso cuando el viento arrecia.
Oración: Enciende nuestro corazón
Madre Santa de la Candelaria,
Luz suave que no hiere los ojos,
enciende en nosotros la fe que a veces tiembla.
Toma nuestras manos cansadas
y pon en ellas la candela viva de Cristo,
para que no caminemos a oscuras.
Enséñanos a presentar nuestra vida a Dios
como tú presentaste a Jesús:
con humildad, confianza y amor total.
Cuando el miedo apague nuestra esperanza,
sé llama que permanece.
Cuando la noche sea larga,
sé luz que guía. Amén.
Frase atribuida a Nuestra Señora de la Candelaria:
“Quien camina con la luz de mi Hijo, nunca estará solo en la noche.”

