Santo de hoy 4 de febrero. San Andrés Corsini (año 1373)
El santo de hoy 4 de febrero, San Andrés Corsini gobernó como obispo durante veinticuatro años, no con poder, sino con ternura evangélica


Imagen del santo del día diseño web
Su vida: De la sombra al abrazo de la misericordia
San Andrés Corsini nació en Florencia bajo el signo de una promesa divina: su nombre, “varonil”, anunciaba una fuerza que primero se desbordó por caminos torcidos. Criado en un hogar piadoso, eligió durante su juventud la compañía del vicio y de malas amistades, dejando que el lobo del desorden habitara su alma.
Pero Dios no se cansa de esperar. Un día, las palabras de su madre —marcadas por un sueño profético— atravesaron su corazón como una espada de luz: aquel lobo feroz estaba destinado a convertirse en cordero ante la Virgen. Humillado, conmovido y arrepentido, Andrés cayó de rodillas ante Nuestra Señora del Carmen y allí selló su conversión.
Dejó el mundo, rechazó honores, riqueza y promesas de éxito, y abrazó la vida carmelita con radicalidad. Desde ese instante, su existencia se transformó en un continuo “sí” a Dios: primero como fraile, luego como sacerdote y finalmente como obispo, siempre huyendo de los aplausos y buscando el silencio donde Dios habla al alma.
El legado: La mansedumbre que vence al odio
San Andrés Corsini gobernó como obispo durante veinticuatro años, no con poder, sino con ternura evangélica. Vivió como penitente, repartió todo entre los pobres, buscó a los olvidados y jamás negó ayuda a quien la necesitara. Su palacio fue pobreza, su cama una estera, su riqueza la oración.
Dios confirmó su santidad con milagros, pero su mayor prodigio fue la paz. Allí donde reinaba el odio, él sembró reconciliación. En Bolonia, enfrentó la división entre ricos y pobres, soportó humillaciones y prisión, y logró lo imposible: corazones enemigos volvieron a llamarse hermanos.
San Andrés nos dejó el testimonio de que la verdadera autoridad nace de la humildad y que solo quien domina su propio corazón puede sanar el de los demás.
Oración: De lobo a cordero, por la gracia de Dios
San Andrés Corsini,
tú que conociste la noche del pecado y la aurora del perdón,
intercede por nosotros.
Enséñanos a no huir cuando Dios nos llama,
a preferir la paz del alma antes que los aplausos del mundo,
y a servir sin reservas a los pobres, a los heridos, a los olvidados.
Ruega por nosotros para que, como tú,
dejemos morir al lobo del egoísmo
y nazca en nuestro interior el cordero humilde del Evangelio.
Y tú, Virgen Santísima, que lo transformaste con tu amor,
conviértenos también a nosotros
en mansos servidores del Reino de tu Hijo. Amén.
Frase atribuida a San Andrés Corsini:
“La verdadera grandeza no está en mandar, sino en servir con un corazón pacificado.”

