Señor, hazme el milagro — Cuando el corazón clama y la fe despierta
Hay momentos en la vida en los que sentimos que hemos llegado al límite de nuestras fuerzas… cuando los días se sienten grises, cuando el corazón pesa y la esperanza se disuelve entre preocupaciones y dudas. En esos instantes, algo profundo dentro de nosotros susurra con fuerza: Señor, hazme el milagro.
FE
Este clamor no es un grito de desesperación sin sentido, sino un acto de fe — la curvatura del alma que reconoce que lo humano es insuficiente y que sólo lo divino puede transformar lo imposible en posible. Un milagro, en el sentido cristiano, no es simplemente un evento extraordinario sin explicación; es una manifestación de la intervención amorosa de Dios en nuestra historia, una respuesta que rompe los límites naturales porque proviene del Dios que hizo los cielos y la tierra.
Los evangelios están repletos de escenas donde hombres y mujeres, ante lo imposible, se atreven a creer. Jesús curó al ciego Bartimeo porque su fe no se intimidó ante la multitud ni ante la incredulidad general. Él devolvió la vida a Lázaro, aunque ya yacía muerto entre las piedras del sepulcro. Él escuchó la súplica del funcionario real y su palabra de confianza bastó para transformar la enfermedad en salud.
El milagro, entonces, no es una palabra mágica; es una expresión de don, amor y esperanza. Es el momento en que lo sobrenatural se asoma a lo cotidiano y nos recuerda que Dios no nos ha abandonado, que sigue siendo el creador que obra a favor de quienes confían en Él. Por eso, cuando el corazón clama: “Señor, hazme el milagro”, no es una petición ingenua, sino un reconocimiento profundo de que sin Él no somos capaces, pero con Él todo es posible.
Pero pedir un milagro también nos invita a crecer en fe. Es caminar, aunque no veamos el final; es seguir creyendo incluso cuando la respuesta tarda, porque Dios obra en su tiempo perfecto. Es comprender que un milagro no siempre cambia la circunstancia, pero sí transforma el corazón. En esa transformación existe un milagro aún mayor: confiar, amar y permanecer firmes en la verdad de que Dios actúa, aunque no veamos inmediatamente la respuesta tangible.
🌱 No temas pedir, no temas creer
La fe es esa fuerza silenciosa que se mantiene firme cuando las circunstancias gritan lo contrario. No es una ilusión, ni un deseo vacío, sino una seguridad fundada en el amor fiel de Dios. Cuando pedimos un milagro, no solamente entregamos nuestra necesidad, sino que también abrimos nuestro corazón a la acción de Dios en lo profundo de nuestro ser.
No olvides que no estás solo en esa súplica. Millones de corazones, a través de los siglos, han caminado este mismo anhelo, han clamado por lo imposible y han encontrado, aunque no siempre de forma visible, una respuesta divina que les ha sustentado, fortalecido y transformado. Así que hoy, con humildad y esperanza, vuelve a levantar tu mirada, abre tu corazón y vuelve a decir con fe:
🙏 Oración “Señor, hazme el milagro”
Señor Dios mío, con el corazón abierto y la fe sincera te digo:
Señor, hazme el milagro que tanto anhelo en mi vida.
Tú conoces cada rincón de mi ser, cada lucha, cada temor y cada sueño no pronunciado.
Cúbreme con tu amor, fortalece mi esperanza y renueva mi espíritu.
Tú, que obrabas signos y maravillas en tu ministerio, que dijiste “todo lo que pidan con fe, lo recibirán”,
haz que mi fe crezca hoy como nunca antes.
Dame la paciencia para esperar Tu tiempo, la fortaleza para confiar en Tu voluntad y la paz para saber que Tú actúas más allá de mis miedos.
Señor, si este milagro es conforme a Tu plan y Tu amor, te pido que se manifieste en mi vida y transforme mi historia.
Y si tu respuesta tarda o se entrega de manera diferente, dales a mi alma y a mi corazón la sabiduría para reconocer Tu mano obrando siempre.
Jesús, confío en Ti, espero en Ti y Te amo con toda mi alma.
Amén. 🙏
Fuente de la información para el artículo orandosiempre.edu



