Una palabra no encerrada en un libro, sino una palabra viva

No se trata de un texto encerrado en páginas antiguas, sino de una Palabra que no está prisionera en un libro, sino que permanece siempre viva, capaz de hacerse signo concreto y tangible en medio de nuestra historia, nuestras luchas y nuestras esperanzas.

IGLESIA

1/25/2026

El Domingo de la Palabra de Dios, que la Iglesia celebrará el 25 de enero de 2026, no es solo una fecha litúrgica más. Es una llamada profunda al corazón de cada creyente para volver a la fuente, para recordar que la fe no se sostiene únicamente en tradiciones o palabras aprendidas, sino en una Palabra que sigue hablando, tocando, sanando y transformando la vida.

Esta jornada nace como una iniciativa profundamente pastoral: ayudarnos a comprender cuán esencial es la Palabra de Dios en la vida cotidiana de la Iglesia y de nuestras comunidades. No se trata de un texto encerrado en páginas antiguas, sino de una Palabra que no está prisionera en un libro, sino que permanece siempre viva, capaz de hacerse signo concreto y tangible en medio de nuestra historia, nuestras luchas y nuestras esperanzas.

La VII edición del Domingo de la Palabra de Dios se celebra bajo la luz de la exhortación de san Pablo a los Colosenses: «La palabra de Cristo habite en vosotros» (Col 3,16). No dice que la Palabra nos visite de vez en cuando, ni que la escuchemos solo en el templo, sino que habite, que encuentre casa, espacio, silencio y permanencia en nuestro interior. Cuando la Palabra habita en nosotros, transforma la manera de mirar, de hablar, de amar y de vivir.

Por eso, el gesto de entregar la Biblia a los fieles no es un acto simbólico cualquiera. Es un acto de confianza profunda: la Palabra de Dios se pone en manos humanas, y con ello nace una responsabilidad sagrada. Quien recibe la Palabra está llamado no solo a conservarla, sino a escuchar, encarnar y transmitir. Porque no se puede anunciar aquello que no se ha dejado resonar primero en el corazón.

San Agustín lo expresó con claridad y fuerza: «Pierde el tiempo predicando exteriormente la palabra de Dios quien no es oyente de ella en su interior». Antes de hablar de Dios, es necesario dejar que Dios nos hable. Antes de proclamar la Palabra, es necesario permitir que ella nos confronte, nos consuele y nos renueve.

El Domingo de la Palabra de Dios nos recuerda, entonces, que la Biblia no es un objeto estático ni un texto lejano. Es Palabra viva, Palabra que camina con nosotros, que se pronuncia en el hoy de nuestras vidas y que sigue encarnándose cada vez que alguien la escucha con fe. Allí donde la Palabra es acogida, la vida florece. Allí donde la Palabra habita, Dios sigue haciendo nuevas todas las cosas.

Oración a la Palabra viva de Dios

Señor, Palabra eterna del Padre,
hoy me acerco a Ti con el corazón abierto,
con silencios que necesitan ser habitados
y con preguntas que solo Tú sabes responder.

Tu Palabra no está encerrada en un libro,
vive, camina conmigo,
respira en mi historia
y se hace luz en medio de mis noches.
Cuando la escucho, algo en mí despierta;
cuando la guardo, mi fe se fortalece.

Haz, Señor, que tu Palabra habite en mí,
no solo en mis labios,
sino en mis pensamientos,
en mis decisiones,
en la forma en que amo y perdono.
Que sea semilla buena en mi interior
y fruto visible en mi vida.

Enséñame a escuchar antes de hablar,
a acoger antes de anunciar,
a dejarme transformar antes de enseñar.
Que no predique con palabras vacías,
sino con una vida tocada por tu verdad.

Palabra viva de Dios,
hazme tierra fértil,
hazme silencio atento,
hazme testigo fiel.
Que quien se acerque a mí
pueda descubrir que Tú sigues hablando,
sigues amando
y sigues dando vida.

Amén.

Fuente de la información para el artículo soycatoliyque.com

Domingo de la palabra de Dios 2026
Domingo de la palabra de Dios 2026

Imagen de un altar a la Biblia en Parroquia San Antonio Ma. Claret