1 de Diciembre. San Eloy, Orfebre Año 660
El orfebre de la conciencia limpia, manos que trabajan el oro, corazón que pertenece a Dios


Imagen del santo, generada en web
San Eloy, cuyo nombre significa “el elegido, el preferido”, nació en el año 588 en Limoges, Francia, con un don que muy pronto reveló su destino: unas manos prodigiosas para labrar el oro y la plata, y un corazón aún más fino que los metales que trabajaba. Formado desde niño en la orfebrería, su talento lo llevó hasta la corte real, donde sorprendió no solo por su habilidad, sino por una virtud poco común en los palacios: la honradez.
Cuando el rey Clotario II le confió material para fabricar un trono, Eloy devolvió dos, hechos con el mismo oro. Ese gesto selló su fama y su misión. Fue jefe de la casa de moneda, creador de relicarios sagrados y amigo de reyes, sin permitir jamás que el lujo apagara su vida interior. Vestía con dignidad, pero vivía con austeridad; hablaba poco, oraba mucho y compartía todo. Su casa era conocida no por su riqueza, sino por la multitud de pobres que la rodeaban cada día.
Su vida: El arte que nace de la honestidad
El legado: La santidad que transforma la historia
San Eloy entendió que la fe no se guarda, se comparte. Rescató esclavos pagando su libertad, fundó monasterios para hombres y mujeres, enseñó oficios dignos y formó comunidades donde el trabajo era oración. Su conciencia recta lo llevó incluso a negarse a jurar fidelidad al rey, prefiriendo obedecer primero a Dios.
Elegido obispo de Rouen, se entregó sin reservas a evangelizar pueblos paganos, predicando con paciencia, ternura y firmeza. Combatió supersticiones, defendió la oración diaria, la misa dominical, la devoción sincera y el descanso del día del Señor. Su palabra, respaldada por su ejemplo, convirtió corazones endurecidos.
Durante diecinueve años fue pastor, padre y servidor, hasta que, avisado interiormente de su muerte, se despidió agradecido y en paz, dejando tras de sí una Iglesia más viva y un testimonio que aún resplandece.
Oración: Manos limpias y corazón fiel
San Eloy bendito,
tú que supiste unir el trabajo diario con la santidad,
enséñanos a vivir con honestidad en medio del mundo.
Que nuestras manos no se manchen con injusticia,
que nuestra palabra sea verdadera
y que nuestro corazón no se deje seducir por el poder ni la riqueza.
Intercede por quienes trabajan con esfuerzo,
por los artesanos, los servidores, los que luchan por vivir con dignidad.
Haznos generosos con los necesitados,
firmes en la fe y constantes en la oración.
Amén.
Frase atribuida a San Eloy:
"Más vale perder el oro que manchar la conciencia."

