14 de Diciembre. San Juan de la Cruz (+ 1591)
A San Juan de la Cruz le costaba mucho dedicarse a las labores materiales, porque su pensamiento vivía ocupado en Dios y en lo espiritual.


Imagen del santo, generada en web
San Juan de la Cruz nació pequeño a los ojos del mundo, pero inmenso en el corazón de Dios. Juan Yepes vino al mundo en la pobreza más dura, en Fontiveros, España, y desde la infancia conoció el rostro austero de la necesidad y del esfuerzo. Huérfano de padre, acompañado por una madre valiente, aprendió desde temprano que la vida no se regala, se ofrece. Entre hospitales, trabajos humildes y silencios largos, su alma fue creciendo hacia lo alto, aun cuando su cuerpo parecía frágil y sin fuerzas.
Desde joven, su espíritu buscó a Dios con radicalidad. No quiso medias tintas, no aceptó atajos. Al ingresar al Carmelo, deseó vivir la fe con total fidelidad, sin concesiones. Ordenado sacerdote, su oración fue clara y osada: pidió permanecer siempre en gracia y tener fortaleza para sufrir por amor. Dios tomó en serio aquella súplica. Junto a Santa Teresa de Jesús inició una reforma marcada por la pobreza, la oración profunda y el despojo interior. Aquel frailecito silencioso se convirtió en pilar de una obra que transformaría la historia espiritual de la Iglesia.
Su vida fue una travesía entre la luz y la oscuridad. La cárcel, la incomprensión, la traición y el dolor físico marcaron su camino. En Toledo, encerrado en una celda cruel, aprendió a sufrir sin perder la fe. Allí, donde parecía que Dios se había ocultado, su alma se afinó como un instrumento y brotaron versos que aún hoy siguen cantando al amor divino.
Su vida: una llama nacida en la pobreza
Su legado: enseñar a caminar en la noche
San Juan de la Cruz dejó al mundo una herencia inmensa: enseñó que la oscuridad también es camino. Su famosa “Noche Oscura del Alma” no es abandono, sino purificación; no es castigo, sino preparación para un amor más grande. Nos enseñó que Dios no siempre se siente, pero siempre está; que cuando el alma pierde consuelos, gana profundidad.
Sus escritos no nacieron de teorías, sino de heridas ofrecidas. En cada página hay lágrimas convertidas en sabiduría, silencio vuelto palabra, dolor transformado en luz. Por eso la Iglesia lo llamó Doctor, porque supo enseñar cómo llegar a Dios pasando por el desierto sin perder la esperanza. Como poeta, regaló a la humanidad versos ardientes, llenos de belleza y música, donde el alma dialoga con su Amado con ternura y pasión.
San Juan vivía tan unido a Dios que su presencia transformaba a quienes lo escuchaban. Su oración era fuego; su consejo, claridad; su silencio, enseñanza. No buscó reconocimiento, solo fidelidad. Y cuando fue humillado, destituido y enviado al lugar donde más sufriría, eligió el dolor como ofrenda. Su legado es un llamado radical: amar sin condiciones, incluso cuando amar duele.
Oración : en la noche, enséñanos a confiar
San Juan de la Cruz, maestro del silencio y del amor probado,
enséñanos a no huir de la noche cuando la fe se vuelve árida.
Tú que aprendiste a sufrir sin dejar de amar,
muéstranos cómo confiar cuando todo parece oscuro.
Intercede por nosotros cuando no entendemos los caminos de Dios,
cuando la oración se vuelve pesada y el corazón se siente vacío.
Ayúdanos a creer que aun en el dolor, Dios está obrando en silencio.
Que como tú, sepamos decir al final de nuestra vida:
“En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”,
con la certeza de que toda noche termina en amanecer.
Amén.

