Salmo 23 "El buen pastor"
Un salmo muchas veces cantado en la liturgia, puede permanecer estéril para nosotros si no nos dejamos impregnar de la confianza que brotan de sus palabras


Imagen de los salmos, generada en web
1 Salmo de David. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
2 Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas
3 y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
4 Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.
5 Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.
6 Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.
Salmo 23
Explicación del salmo
Durante unos momentos de silencio escucho las palabras que han quedado repicando en mi interior tras la lectura del salmo. Percibo las vivencias, las experiencias personales que brotan en mi interior tras la lectura de estos versos.
Seguramente el mayor sentimiento es de profunda confianza: El Señor está conmigo, me conduce, habito en su casa. Deja que esta certeza te empape.
Destierra de ti toda ansiedad sobre tu presente y tu futuro. Reconoce los “valles tenebrosos” que pretenden robarte la confianza en Dios: quizá un fracaso, la soledad, un revés, el dolor... Recuerda que en esas circunstancias Jesús oró: A ti, Padre me encomiendo, hágase tu voluntad.
Relee el pasaje de Getsemaní. Deja que acudan a tu mente otros textos: “No andéis preocupados...” (Mt 6,25), “Soy yo, no temáis” (Jn 6,20).
Dialoga con el Señor y deja que te comprometa en su proyecto sobre la historia. Pregúntale a quiénes puedes acompañar en el camino de la vida, con quién debes tener una comida de fraternidad, a quién puedes contagiar la confianza que Dios ha derramado sobre ti
Oración final
Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea te doy las gracias.
Lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre, no deseo nada más.
Yo te ofrezco mi vida y te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque deseo darme, ponerme en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre. Amén

