Salmo 4 "Súplica confiada"

Orar es abrirse a la presencia de una compañía que nos salva. Tranquiliza tu cuerpo y amansa tu alma.

Una mujer acostada en su cama en salmos sección de la página Voces de amor y vida
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Imagen de los salmos, generada en web

2 Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia; que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de y escucha mi oración.

3 Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? (Pausa)

4 Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

5 Temblad y no pequéis, reflexionad en el silencio de vuestro lecho; (Pausa)

6 ofreced sacrificios legítimos y confiad en el Señor.

7 Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?».

8 Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en su trigo y en su vino.

9 En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque solo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Salmo 4

Explicación del salmo

El orante de este salmo es un viejo amigo de Dios. Él tiene experiencia de que ya en otras ocasiones Dios le ha escuchado («en el aprieto me diste anchura»: Sal 4,2).

Por eso ahora le eleva su súplica en una situación de dificultad. Lo que más llama la atención en el texto es la profunda confianza del orante.

Por un lado, el salmista se dirige a unos hombres que lo ultrajan y llevan una vida apartada de Dios (4,3-6). Les invita a aprender de su experiencia personal: Dios siempre se ha preocupado de sus problemas; por eso los anima a reflexionar «en el silencio de su lecho» (4,5) y cambiar de conducta. El que confía en el Señor no quedará defraudado.

Por otro lado, el salmista dialoga con Dios expresando su confianza ilimitada (4,7-9). Es un hombre de campo, por eso dice que el Señor le da más alegrías que las de una buena cosecha (4,8). Seguidamente, el orante transforma la imagen del sueño: si los adversarios debían pasar las noches recapacitando sobre su mala conducta (4,5), él se duerme en seguida porque el Señor le hace reposar tranquilo (4,8). El salmo, como un río, acaba en el mar de la paz.

Orar es tratar de escuchar a otro: un buen ejercicio a tal fin es hacer nuestras las palabras de otro orante. Relee el salmo intentando captar las circunstancias y sentimientos de su primer autor. Deja que las palabras vayan calando en ti lentamente.

Oración final

Padre bueno, muchas veces damos vueltas en nuestro lecho debido a preocupaciones y desvelos.

Haznos vivir y dormir tranquilos. Enséñanos a descansar y confiar en ti.

Tú, alfarero divino, nos moldeaste; no abandones la obra de tus manos. Amén.