Salmo 6 "Lamentaciones de un enfermo"

Ensancha la mirada, y únete a todos los que sufren. Vuelven a recordar a aquella persona que nombrarse al inicio de la oración y encomiéndalo al Señor

Un hombre recibe ayuda de Dios en salmo sección de la página Voces de amor y vida
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Imagen de los salmos, generada en web

2 Señor, no me corrijas con ira, no me castigues con cólera.

3 Misericordia, Señor, que desfallezco; cura, Señor, mis huesos dislocados.

4 Tengo el alma en delirio, y tú, Señor, ¿hasta cuándo?

5 Vuélvete, Señor, liberta mi alma, sálvame por tu misericordia.

6 Porque en el reino de la muerte nadie te invoca, y en el abismo, ¿quién te alabará?

7 Estoy agotado de gemir: de noche lloro sobre el lecho, riego mi cama con lágrimas.

8 Mis ojos se consumen irritados, envejecen por tantas contradicciones.

9 Apartaos de los malvados, porque el Señor ha escuchado mis sollozos;

10 el Señor ha escuchado mi súplica, el Señor ha aceptado mi oración.

11 Que la vergüenza abrume a mis enemigos, que avergonzados huyan al momento.

Salmo 6

Explicación del salmo

Este salmo no es fácil de comprender, como tampoco la vida es a veces fácil. Se trata de la lamentación de un enfermo grave, que siente que la vida se le escapa. Él se siente, además, culpable («Señor, no me corrijas... no me castigues...»: 6,2) y, para más inri, tiene enemigos que le desean el mal. Grave enfermedad exterior, soledad interior, mala conciencia, hostilidad de enemigos, abandono de Dios, ¿se puede estar peor?

En esta situación terrible, el orante clama a Dios. Ese es su único desahogo. Solo le queda suplicar que el Señor lo salve «por su misericordia» (6,5) y porque, de lo contrario, perderá a uno de los fieles que lo alaban (6,6). La oración desde sufrimiento es purificadora, ya que transforma el dolor solitario en esperanza.

Finalmente, el orante proclama que el «el Señor ha escuchado mi súplica; el Señor ha aceptado mi oración» (6,10). A veces preferimos no lamentarnos por temor a enojar a Dios. Sin embargo, Dios acepta toda oración que nazca sincera del corazón. Por eso Dios la acepta. No se dice que haya sido curado. Podría suceder simplemente

Siente el dolor exterior e interior del salmista. Orar, como amar, es ponerse en la piel del otro. Deja que el sufrimiento del salmista penetre en tu interior para hacerlo tuyo y elevar desde lo hondo tu súplica al Señor. Repasa el salmo, poco a poco, hasta conocerlo mejor

Oración final

Jesús, hermano nuestro, que lloraste en la muerte de tu amigo Lázaro, y derramaste lágrimas por Jerusalén la ciudad santa, escucha nuestra súplica y enjuga las lágrimas de todos los que lloran en nuestro mundo.

Jesús, pastor de nuestras almas, transforma las lágrimas de nuestra vida en cantares de fiesta y alabanza.

Amén